11 de marzo de 2014

Las dunas de Laredo, según Emilio Guinea López y Mercedes Herrera Gallastegui

En el año 1995 se publicó el Estudio de la vegetación y flora vascular de la cuenca del río Asón (Cantabria) en el número 1 de la revista Guineana. Se trata de la excelente Tesis Doctoral de mi amiga Mercedes Herrera Gallastegui. El nombre de la revista editada por la Universidad del País Vasco es un homenaje a Emilio Guinea López (1907-1985), autor de los libros "Vizcaya y su paisaje vegetal" (año 1949) y "Geografía botánica de Santander" (año 1953), botánico bilbaíno que, en mitad de la sequía académica e intelectual de los años de la postguerra, fue capaz de sacar adelante estos dos libros magníficos. En la fotografía, del 16 de febrero de 2014, la playa de Laredo, desde El Puntal.
Esta es la portada de un ejemplar del libro original que adquirí hace varios años en la Librería Anticuaria de Oviedo. En las páginas 106 y 107 escribió "Para gozar de la hermosa vista de la bahía de Santoña, es buen punto de mira la Atalaya de Laredo, a la que se puede subir con poco esfuerzo y en diez minutos. Aquí se ubican las estaciones botánicas de litoral de más alto interés de todo el Cantábrico, desde Irún hasta Castropol, al W. de Asturias. El espectáculo es de una belleza insuperable, y para mí uno de los paisajes marinos que más me ha conmovido, dentro de mi experiencia paisajística (que alcanza desde el estuario del Muni, en la Guinea Continental española, hasta el fiordo de Narwick, en la costa noruega, por encima del Círculo Polar Ártico)."
A continuación dice: "Su interés botánico es enorme, pues aquí hallamos, en pleno desarrollo, las comunidades vegetales propias de las dunas del gran puntal de Laredo, con cerca de seis kilómetros de longitud; la vegetación de las grandes marismas de la ría de Limpias; las asociaciones de los acantilados del Peñón de Santoña; los encinares degradados que cubren este gran banco de calizas, y la vegetación de prados y de bosques (es especial robledales) de los valles que confluyen en este gran circo que es la bahía de Santoña". En cuanto a las dunas, de las 400 hectáreas de dunas que conoció y fotografió Emilio Guinea en el mes de agosto de los años 1950 y 1951, quedan unas 42 hectáreas, la mayoría bastante degradadas. En la fotografía, del 16 de febrero de 2014, panorámica de la playa de Laredo desde El Puntal. Pinchad en la imagen para verla más grande.
En esta fotografía aérea he señalado en rojo las 42 hectáreas que se conservan con flora dunar en Laredo, si bien es cierto que la mayoría son dunas muy alteradas. Pinchad en la imagen para verla mayor.
En la zona superior de las playas, donde llega la marea dejando algas y otros restos, viven algunas plantas con querencia por arenas ricas en materia orgánica como Cakile maritima subsp integrifolia (la planta de la fotografía superior), Salsola kali y Honckenya peploides.
Fuera de la acción de las mareas, pero no de los temporales, sobre la duna primaria o móvil, se encuentran Euphorbia paralias, Eryngium maritimum, Elymus farctus subsp boreali-atlanticus, Calystegia soldanella (la planta de la fotografía superior) y Raphanus raphanistrum subsp landra.
En lo alto de la duna secundaria o semifija destaca Ammophila arenaria subsp arundinacea, que forma unos herbazales densos y altos, acompañado por Festuca juncifoliaCalystegia soldanellaEuphorbia paralias y Eryngium maritimum (la planta de la fotografía superior).
Finalmente se halla la duna terciaria o fija, en peligro de desaparición debido a la acción de las constructoras, donde viven Helichrysum stoechas, Festuca vasconcensis, Lagurus ovatus y Dianthus hyssopifolius subsp gallicus (la planta de la fotografía superior).
Atardecer en las Marismas de Santoña, desde El Puntal de Laredo.